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  Madre Paula  
 

 

MADRE PAULA MONTAL DE SAN JOSÉ DE CALASANZ

Fundadora del Pío Instituto de Hijas de María

Religiosas de las Escuelas Pías

SÍNTESIS BIOGRÁFICA 1799 – 1889

Su patria: España

Lugar de nacimiento: Arenys de Mar. Provincia de Barcelona. Obispado -entonces- de Gerona.

Fecha: 11 de octubre de 1799.

El mismo día es hecha Hija de Dios por el Bautismo, en el Templo Parroquial de Santa María de Arenys de Mar. Ministro: el Vicario de la Parroquia, Mosén Antón Gispert.

Su padre: Ramón Montal Batlleri, maestro cordelero de Arenys de Mar (1759 – 1809).

Su madre: Vicenta Fornés Pla, de Canet de Mar (1769 – 1848).

Se habían unido con el sacramento nupcial en Arenys el 24 de septiembre de 1798.

Los hermanos: Diez habían nacido de un primer matrimonio del padre en 1784 con Teresa Clausells (? 1794). Cinco de ellos viven en el hogar cuando Paula llega al mundo: Ramón, de 14 años; Agustina, de 13; Teresa, de 12; Miguel, de 8, y Antonia, de 4.

Sin hijos, el primer matrimonio de la madre, en 1790, con Sebastián Estolt, marinero de Canet de Mar.

Paula es la primera del segundo matrimonio. Detrás de ella, Benito, (1802), María (1804), Joaquín (1806) y Salvador (1809).

El marco de su infancia está hecho de dificultades. Es un hogar muy complejo. El padre intenta simplificarlo separando las dos familias. Y se traslada con la esposa e hijos del segundo matrimonio a una pequeña casa recién construida por él. Los del primer matrimonio permanecen en la casa paterna edificada en 1716 por el bisabuelo Antonio, primer Montal de Arenys.

Pero en seguida, el 26 de septiembre de 1809, muere el padre; el día anterior le ha nacido el último hijo. Y todos los bienes pasan al primogénito, Ramón.

Así, florecen para Paula, desde los primeros años, las dificultades económicas, agravadas ya, en dimensiones colectivas, por las consecuencias de las guerras con Inglaterra (1799–1802 y 1804–1808) de enorme repercusión en la costa levantina. Intensificadas todavía por la invasión francesa y guerra de la Independencia, que afectó hondamente a Arenys, situada en el camino –mar y tierra, ida y vuelta– de los ejércitos franceses.

La educación de Paula hubo de ser, forzosamente, en el propio hogar. Como en la mayor parte de los pueblos, no existían en Arenys escuelas para niñas. Las mujeres, por regla general –al menos, en el plano social de Paula– eran perfectamente incultas. Paula, no obstante, aprendió a leer y escribir, aventajando, en esto, a su propia madre.

Y aprendió también, en seguida, el sentido de la responsabilidad y el hábito del trabajo. Sus hermanos la vieron como la auténtica “hermana mayor” junto a la madre viuda. Y su nombre se incluyó, con relieve, en las listas de “puntaires” de Arenys, famosas por las maravillas artísticas del encaje a bolillos, que en pilas de metros se exportaba hacia América.

En el plano religioso, Paula vivió un hogar normalmente cristiano. Y a la vez, su vida de fe pudo desarrollarse a un ritmo auténticamente parroquial.

Datos estrictamente históricos:

Recibió el sacramento de la Confirmación el 6 de junio de 1803. Ministro: El obispo de Gerona, D. Juan Agapito de Arellano.

A la Primera Comunión –no hay libro parroquial de Comuniones en Arenys– debió ser admitida, de acuerdo con el enfoque de la época hacia el año 1812.

En 1815 se inscribe en la Cofradía del Rosario. En 1822 en la de los Dolores. Su madre y hermanos lo harán unos años después.

Una tradición –revalorizada por la crítica histórica– presenta una faceta de Paula que le llega a ser definitiva. Sus actividades como catequista parroquial, colaborando con Mosén Salvio Carbó.

Y Paula va ensanchando estas actividades hasta integrarlas en un sentido vocacional. Ve la urgencia de una necesidad en la Iglesia. Y comprende que ella puede –mínimo instrumento del Señor– hacer algo efectivo.

Y así cuaja su ideal, concreto; preciso. Fruto de la observación e intuición personales, por una parte; y, por otra, de una respuesta acogedora a las solicitaciones de la Gracia; de una postura de disponibilidad frente a la voluntad divina.

Su ideal que ella plasma en frase lograda; en forma de imperativo voluntario: “Quiero salvar las familias, enseñando a las niñas el temor de Dios.”

Se ha dado cuenta de que la institución familiar es algo fundamental en la sociedad cristiana; y ha comprobado que esa institución está en peligro. Consecuencia: hay que salvarla.

Ha advertido que el quicio espiritual de la familia está en la mujer. Consecuencia: Hay que dar consistencia y autenticidad al cristianismo de la mujer.

Y con el sentido práctico de catalana, y el empuje audaz de los navegantes levantinos, formaliza su decisión.

En 1829 marcha a Figueras, cerca de la frontera francesa. Quiere abrir una escuela. Su reclamo serán los encajes de Arenys. Pero su intención –ella lo declarará paladinamente– rebasa la simple idea pedagógica, y mucho más la finalidad económico– profesional. Su objetivo es exclusivamente apostólico.

Lleva una sola compañera: Inés Busquets; un poco mayor que Paula. Tímida y absolutamente fiel. La tercera del grupo –que luego recibirá los laureles de fundadora– tardará, por lo menos, tres años en unirse a Paula e Inés. En el padrón de Figueras del año 1831 (por ahora, no se han hallado anteriores) en el número 10 de la calle “Joc de la pilota” –después calle Ancha– consta así: Paula Montal, maestra de niñas. Debajo, Inés Busquets, ídem. Nadie más.

En Figueras se demuestra la voluntad de Paula. Por el empuje inicial, desde luego. Y por la firmeza constante en la esperanza confiada. Día tras día, 13 años.

Años difíciles. La Iglesia española es atacada; perseguida. Las Órdenes y Congregaciones religiosas son disueltas. ¿Se puede pensar en fundaciones de Institutos religiosos nuevos?.

Pero se le unen dos compañeras más. Y en 1842 va Paula a abrir otro Colegio en Arenys.

Allí se pone al habla con los PP. Escolapios de Mataró. Y por su indicación marcha a Sabadell en busca del Padre Agustín Casanovas, que “de cosas pequeñas sabe hacer cosas grandes”.

En Sabadell (1845) hay que superar dificultades enormes. Pero al fin, cristaliza el proyecto. Y con el P. Agustín, bajo la autoridad del Comisario Apostólico de las Escuelas Pías, P. Jacinto Feliu, se estructuran en Escuela Pía femenina.

En 1846 visten el hábito. En 1847 hacen la primera Profesión. El P. Agustín Casanovas, nombrado por el Obispo de Barcelona, D. Pedro Sanmartín, Director General de la naciente Congregación, realiza la adaptación femenina de las Constituciones de San José de Calasanz.

Ha llegado el momento de establecer oficialmente la Jerarquía. Paula, - ahora ya, Madre Paula de San José de Calasanz – ha sido, hasta el momento, impulso y dirección del grupo. No se ha retraído del mando ni del riesgo. Ha sido la primera en todo. Sobre su conciencia pesa la responsabilidad de Fundadora. Y el Padre Comisario ha indicado que debe ser ella la elegida como “Superiora General”.

Sin embargo –eterna ley de la historia humana– , se dibuja la antagonista. Una de las jóvenes que se le unió en Figueras, es ambiciosa y dominante, además de inteligente. Y sabe que no podrá con la fuerte personalidad de Paula. Sigue, por ello, la vía oblicua. Y logra que sea elegida Felicia, buena y recta; pero débil. Ella misma, Francisca, se hace nombrar Consultora de la “Superiora General”. Esto ha sido el 14 de marzo de 1847.

La actitud de Paula es consecuencia de la postura que ha adoptado de cara a Dios. Ni una queja. Ni una alusión. La misma entrega que hasta ahora. El mismo esfuerzo. El mismo entusiasmo por la obra.

Después, el P. Agustín, como Director General, va labrando el siglo de oro del Instituto recién nacido.

M. Felicia regresa a Figueras. M. Francisca se queda en Sabadell al frente de las Novicias. M. Inés vuelve a Arenys y M. Paula, enviada por el Director general, después de organizar el Colegio de Sabadell va sembrando la semilla de nuevas casas para el Señor: Igualada (1849). Vendrell (1850) . Masnou (1852).

En 1851 llega la primera aprobación diocesana de las Constituciones; por el Obispo de Gerona, D. Florencio Lorente y Montón. Siguen a corto plazo las otras Diócesis.

En 1853 las vocaciones han aumentado considerablemente. El P. Director decide colocar a M. Paula como Maestra de Novicias en Sabadell (1852–1859). Muchos años después, todavía recordarán las que fueron sus novicias aquella habilidad especial que M. Paula tenía para llevarles a la intimidad con Dios en la oración; y para adentrarles en los caminos difíciles –ella los veía muy simplificados– de la humildad y la obediencia y para entusiasmarlas en el Apostolado educacional de las niñas, que habrían de ser –mañana– la salvación de la familia cristiana.

Se abren a la vez nuevos Colegios: Gerona (1853), Blanes (1854), Barcelona (1857), Sóller (Mallorca) (1857).

En 1857 ocurre un hecho que trastorna, con repercusiones de transcendencias hasta hoy, la marcha del Instituto de P. Agustín. El Obispo de Barcelona, Dr. Costa y Borrás, separa al P. Agustín Casanovas de la Dirección General. La serie de Directores que seguirá tras él, ignorando en absoluto la problemática de una Congregación religiosa femenina con finalidad específicamente apostólico–educacional, querrán hacer de ella un instituto de clausura que, además, como algo sobreañadido y casi entrañando un peligro para la propia santificación, se dediquen a las niñas.

Al poco tiempo cesa M. Paula en su labor de Maestra de Novicias. La envían a fundar en Olesa de Montserrat (1859), y allí estará 30 años. Hasta el fin de su vida.

El Instituto –a su modo– se va desarrollando. En 1865 se cierra la casa de Blanes. Se abren en cambio, otros Colegios: San Martín de Provensals (Barcelona) (1862), Madrid (1863), Carabanchel (1871), Lucena (1871), Alcira (1877), Bujalance (1878), Villanueva y Geltrú (1880), Zaragoza (1883), Valencia (1884), Córdoba (1888). En 1871 se divide el Instituto en dos provincias: Cataluña y Castilla.

S.S. Pío IX aprueba el Instituto con el Decretum laudis en 1860. En 1870 concede la aprobación temporal de las Constituciones. Y, de acuerdo con ellas, celebran el primer capítulo general (1871). Termina en él su gobierno M. Felicia y lo comienza oficialmente M. Francisca, que ya venía siendo, de hecho, la Superiora General. En 1887, S.S. León XIII aprueba definitivamente las Constituciones, cuando todavía vive la Fundadora.

La Fundadora, M. Paula, vive en Olesa su vida de entrega a Dios y al prójimo. A veces la llaman para que solucione algún asunto difícil. Acude, realiza y se retira otra vez. Pero se mantiene siempre consciente de su responsabilidad de Fundadora. Obedece como la súbdita más fiel; pero habla claramente a los Superiores, manifestando con valentía lo que juzga error... y sigue obedeciendo.

En Olesa es la Superiora hasta 1883. De Superiora y de súbdita su vida es, cada día más, transparencia de Dios que se irradia hacia los demás.

Todavía en 1965 quedan algunas de las que fueron sus alumnas y dan testimonio de ella. Otros testimonios hay por escrito de las que ya murieron. Todas, unánimes, ponen de relieve esto: que vivía en Dios y lo daba a los demás. Que estaba siempre con Dios y, en todo momento, a disposición del prójimo. Y el prójimo era, no sólo las niñas alumnas y las exalumnas –hasta el último momento de su vida– sino también... cualquiera que, en persona o en noticia, se acercara a ella, sobre todo si venía con alguna necesidad material o espiritual...

Todos los testimonios recalcan su absoluta entrega apostólica. Hasta el final de su vida –larga– se mantuvo fiel a su consigna vocacional.

Y al final le llegó muy cercana a los noventa años. Una corta enfermedad. Pero intensa. Sufre y desea ir a Dios. Lo desea tanto que el médico se asombra. Cada mañana espera que sea el día del vuelo definitivo. Quizá por eso las que la rodean no lo calibran. Y nadie, ni la Superiora General ni la Provincial –que están muy cerca–, ni la misma Superiora de la Casa, acuden a su muerte. Sólo hay un testigo –la hermana enfermera– que logra ver su última sonrisa – después de sonreír a todos en la vida – dirigida a un ser que sólo ella capta. Ocurrió al atardecer del 26 de febrero de 1889.

 

 

 
 

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